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¿Podemos con lenguaje cientifico definir a la “persona humana”?

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¿Podemos con lenguaje cientifico definir a la “persona humana”?

Missatge  Panter el 26/11/10, 01:29 am

Insistiendo sobre la verdad óntica del ser humano. Reconozcámonos “persona humana”. Somos un compuesto nuclear individual. ¿Podemos con lenguaje científico definir a la “persona humana”?

Dr. Juan Herrera Salazar

“Persona est rationalis naturae individua substantia” (1,2)… persona substancia individual de naturaleza racional”.

“Persona significat id quod est perfectissimum in tota natura, scilicet subsistens in rationali natura”. (3, 4, 5)… subsistente de naturaleza racional.


Los estudiosos de la escolástica, crecidos en alvéolo del pensamiento clásico patrístico encuentran esta definición de persona, satisfactoria y la utilizan para fundamentar su postura en las discusiones, ético-filosóficas-jurídicas y axiológicas, incluso para fundamentar y proponer modelos bioéticos (12).

Quiero, pedir al lector benevolente, me conceda exponer mi argumentación sobre la persona humana, en un lenguaje científico, (no teológico), el mismo que utilizamos los profesionales de las ciencias de la vida y los estudiosos de la bioética, de manera que actualicemos la discusión para el hombre de la postmodernidad.

“Hoy exploramos el cosmos, con los sofisticados instrumentos de la Física y las Matemáticas, sondeamos el universo que está allí afuera, y con nuestra reflexión sondeamos el universo que está dentro de nosotros, y nos damos cuenta que tenemos una naturaleza y una historia”. ( 6)

El itinerario que seguiremos para mi argumentación tiene su fundamento en la unicidad de la naturaleza humana, cuyo carácter específico es ser, un ser compuesto.
El ser humano es un ser viviente estructurado como una unidad física y metafísica, espiritual y material. Es decir el ser humano, se nos presenta como una unidad (bio-intelectual), capaz de una tercera dimensión. Esta dimensión la llamaremos espiritual-intelectual, que unida a la dimensión biológica- psicológica, constituyen un compuesto indivisible, presente en un solo ser viviente: el ser humano.

Esto nos distancia de una concepción reduccionista del hombre, que lo ve como (unidad psico-física), como pretenden hacer ciertas escuelas de psiquiatría o medicina psicosomática, que estudian al hombre desde la perspectiva cartesiana, “res extensa” y “ res cogitans ”, o como una “ machine neuronal ”, donde la diferencia entre materia y espíritu viene a ser solamente una diferencia de grado.

Refiriéndonos al embrión humano, los científicos han logrado demostrar:

1. Con la ciencia experimental: que el embrión tiene una determinada y específica identidad biológica. La genética nos proporcionó pruebas contundentes de esta verdad. Nos encontramos con un ser humano, una unidad bio-psíquica con un propio proyecto de desarrollo autónomo, diferente para cada individuo, que viene a definido, desde su inicio (DNA- Genoma), en sus líneas estructurales, que convierte a cada quién en sujeto único e irrepetible.

2. Por otro lado la reflexión cristiana, Boetius (1), Santo Tomás de Aquino ( 7) Jacques Maritain y al Magisterio de la Iglesia Católica, (Doctrina social de la Iglesia: la persona humana y sus derechos) (9), reconocen y garantizan a cada hombre, al embrión su identidad personal.

Tal identidad ha sido acogida por la cultura occidental, con formulaciones diferentes en los últimos dos milenios, culminando con la (Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948), documento que aprobaron las Naciones Unidas después de la II Guerra Mundial (10). En el documento, le reconocieron al embrión, al ser humano, el título de “persona humana”.

Es lógico y racional sostener: que la identidad genética y la identidad personal, constituyen y no pueden no serlo, el compuesto nuclear único, (individual) de la persona humana.

Hemos planteado, que el ser humano tiene una identidad biológica y personal, que constituye un compuesto nuclear, “unicum”, fundamento de su desarrollo psico-físico-moral, que dependen de esa identidad, (del compuesto nuclear individual), no viceversa, lo que da al ser humano su absoluta dignidad y le hace persona.

Este compuesto nuclear óntico indivisible, no es naturalmente autosuficiente, (volvamos nuestra mirada al embrión), relacional y en relación, desde cuando establece esa interfase de comunicación en el útero, con su madre, en su desarrollo y evolución, tiene una precisa autonomía, que en sentido biológico corresponde a su codigo genético y en sentido personal a su libertad, que necesita de la voluntad para realizar los actos, después que su inteligencia, (razón) le presenta los valores a elegir y la conciencia le ayuda a elegirlos con “recta ratio”.

Esa libertad personal, nos empeñamos a reconocer, como derecho al menos potencial, en cualquier ser humano aunque no esté en grado de ejercerlo: senilidad, discapacidad, enfermedad mental o estadío, zigote-embrión - nascituro.

Voy aceptar, frente a los benévolos lectores que estoy en un gran aprieto, mi límite argumentativo parece fallecer, ya que no puedo hacer una “explanatio terminorum” si no recurro al Aquinate.

No voy desvanecer, antes quiero pedir ayuda al italiano Rosmini. La racionalidad para este filósofo no es algo abstracto, más bien algo muy concreto, es la unión individual de las dos partes del cual el hombre es un compuesto: “por un lado tenemos una parte intelectiva y una parte animal que presta al entendimiento los signos de las cosas reales, medio con el cual él las piensa. La unión individual de estas dos constituye la racionalidad donde reside la naturaleza humana.

Es en la parte intelectiva que está dotada de actividad, donde toma el nombre de voluntad, lugar de residencia de la persona humana, en cuanto voluntad es un principio activo supremo”. (11)

Bueno ahora justamente me van decir, ¡doctor!, no argumentó nada que no hubiera ya argumentado el Aquinate. Sí, si bien eso es cierto, creo que mi escrito da un paso adelante, ya que la ciencia de hoy puso en mis manos y por lo tanto en mi pensamiento algo que no tuvo el Aquinate: son los datos que la ciencia genética, nos ha puesto a disposición, las pruebas que en el DNA, está el programa que determina nuestra identidad biológica.

Dicho esto tenemos las herramientas de la genética a disposición, para la elaboración de la doctrina personalista, y por lo tanto solicito que se incorporen las evidencias de la ciencia genética, como fundamento, al personalismo ontológico y a su respectivo modelo bioético (Modelo bioético personalista ontológicamente fundamentado de E. Sgreccia. (12)

Hoy podemos sostener con ulteriores evidencias científicas, que la identidad genética y la identidad personal, constituyen y no pueden no serlo, el compuesto nuclear único, (individual) de la persona humana.

Esta identidad única, (compuesto nuclear indivisible), desde la concepción (navidad de la persona), es persona hasta los epígonos extremos de la vida agonizante. A este compuesto nuclear óntico, que existe como tal, por su esencia, en virtud de su ser y naturaleza humana, le debemos reconocer su título de persona y sus derechos relativos.

Cuando hablamos de la vida humana, cuando trabajamos como científicos de las ciencias de la vida, cuando ejercemos nuestra profesión médica, reconocemos al ser humano y esto debe ser así, siempre, como sujeto y no objeto en campo bioético, aunque este sea, a nivel teórico, el objeto de la reflexión.

Si al hombre sujeto de nuestro quehacer, lo consideramos en todas su dimensiones y como persona humana la colocamos, subjectum, al centro de nuestra tarea y luego nos interrogamos de manera reflexiva sobre nuestra tarea, médica y científica, nos aparecerá un horizonte con sentido, abierto a lo trascendente, abierto al Ser Subsistente, ordenado, y sometido al fin último de toda ética objetiva.

Por eso en nuestros escritos planteamos que la inteligencia humana es capaz de la verdad, de reconocerla y de asumirla como norma de la acción humana.

Consideramos que se traza el itinerario de la ciencia ficción o de las grandes utopías, cuando se plantea que puede sostenerse un modelo bioético o una “ética sin verdad”. Por eso defendemos un modelo bioético personalista y hacemos una propuesta sobre la verdad nuclear óntica individual del ser humano. Es decir proponemos una ética que busca incansablemente el horizonte de la verdad

Con ese modelo perseguimos, la búsqueda incansable del bien y la Verdad, no de un compromiso que la sacrifique. Verdad que debe descubrirse en una búsqueda que es al mismo tiempo un compromiso de investigación seria desde el punto de vista científico, abierta a lo trascendente, en permanente diálogo con la cultura y la fe.

Panter

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